Razón de ser

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lunes, 28 de enero de 2013

Como siempre, Carmen Calvo ya lo dijo antes


A mi toda esta historia de Amy Martin y la Fundación Ideas me ha producido, como a mucha gente, una hilaridad tremenda.
No es sólo que cuando peor está el PP acosado por la corrupción va el PSOE y se casca este chistecillo de caraduras y de jetas alimentado por los propios protagonistas para que se hable un poco menos de Bárcenas, sobres y “actuar con contundencia”.
No es sólo que las excusas de la presunta autora de todo este desaguisado a mi, personalmente, me parecen una rastra de tonterías y un sinsentido morrocotudo donde la frase más reseñable es el recordatorio de la inminente publicación de su próxima novela a cargo de Edhasa (que no sé si estará emocionada con la publicidad gratuita o acobardada por verse vinculada a este cisco).
La autora del desaguisado. Fuente, El Mundo
Es que en este país somos así.
Lo de Amy Martin es un perfecto ejemplo de lo que en este país estamos haciendo con algunas cosas.
A mi lo que me hace más gracia de todo esto, una gracia amarga y difícil de tragar, llena de cinismo, es comprobar como esta señora ha vivido a costa del erario público con subvenciones y contratos sin tener que nadie tenga ni idea de quien era. Según El Mundo, la empresa que comparte con su ex-no-ex-marido ha recibido 120.000 euros en subvenciones. Sin que sus productos tengan ningún tipo de difusión ni conocimiento. Fue contratada, con un sueldo astronómico de casi 100.000 euros, para presidir el Cervantes de Estocolmo. Escogida por libre designación. ¿Cómo alguien puede vivir del dinero público con tanta liberalidad sin que nadie sepa quien es y qué ha hecho? Y luego, claro, lo de la Fundación Ideas. 50.000 euros por un puñado de artículos.
Yo me pregunto. ¿De verdad es necesario gastar dinero público en subvencionar cortos, discos, libros...? ¿No sería mejor que el dinero público fuera para lo esencial (Sanidad, Educación, Seguridad, Justicia...) y a las empresas culturales se les facilitara la vida con impuestos bajos pero sin aportaciones directas de dinero público que luego no sabemos qué utilidad tiene?
Si yo les entiendo. Como decía esa lumbrera política del PSOE, el dinero público no es de nadie. ¿Por qué había que controlar que se gastara de forma adecuada y correcta? 

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