Razón de ser

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lunes, 25 de febrero de 2013

De fútbol


Una breve reflexión futbolera.
No soy muy futbolero, para empezar. Me gusta de una manera sosegada. Para empezar no soy mucho de ver la tele y si la veo suelo buscar otras cosas antes que un partido de fútbol. Aunque juegue el Atlético de Madrid, que es el equipo con el que me siento identificado. Salvo encuentros excepcionales no suelo hacer esfuerzos por ver un partido. Salvo los de la selección española, estos sí suelo verlos todos.
El caso es que, por más que sea del Atlético de Madrid, hay más equipos por ahí que me hacen gracia. Que me caen simpáticos y que les deseo que les vaya lo mejor posible salvo cuando se enfrentan al Atlético.
El Betis, por ejemplo. Me parece el equipo más parecido al Atlético. Un equipo con una gran afición y con unos dirigentes, en general, terriblemente malos que no piensan ni un minuto en su propio equipo. Un equipo ciclotímico que se sube a la nube y se baja de ella en cuestión de segundos. Como el Atlético.
Hay más. El Espanyol (me caía mejor cuando usaba la ñ, pero bueno). Tiene que ser muy difícil ser periquito en Barcelona con su clima político y con la sombra de un equipo de la talla del F.C. Barcelona. También, por razones familiares, les tengo bastante aprecio al Villareal y al Valencia (aunque yo hubiera dejado caer este último a donde sea antes de permitir que una Comunidad Autónoma arruinada mediara para salvarlo de su pésima gestión).
Y hay equipos que deseo que pierdan todos sus partidos de liga (no así cuando juegan en Europa). Eran dos hasta el momento: el Real Madrid y el F.C. Barcelona. No puedo con la dictadura de estos equipos, con su poderío arrollador, con la palizas que nos meten cada dos por tres, con su presencia constante en los medios de comunicación para contarnos cualquier chorrada. Y con el Barcelona además no puedo por razones políticas. Esa obsesión provinciana (en un equipo de resonancia internacional) por identificarse con las personas que piensan de determinada manera en un terruño concreto me mata. ¿Y todos los aficionados que se sienten del Barcelona pero son de Logroño, de Badajoz o de Gijón?
Pues a estos equipos hay que añadir ahora un tercero. Por distintas razones, o no. El Celta. Era un equipo que no me caía mal. Recuerdo su época gloriosa de juego exquisito y de desafío a los grandes. Fue una época excepcional. Pero ahora no puedo dejar de pensar en el Celta como el equipo que no quiso a un entrenador porque una parte de su hinchada le discriminó por razones políticas. Por decir que se siente español. 
Acojonante.
Pues allá pierda el Celta todos sus partidos durante 10 años y desaparezca hasta jugar en una liga de barrio. Así su hinchada se sentirá más en casa. 

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