Razón de ser

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martes, 5 de febrero de 2013

La vida no es como un capítulo de Sorkin


En uno de los mejores capítulos de la última temporada de El Ala Oeste de la Casa Blanca el candidato republicano da una rueda de prensa delante de las puertas de una central nuclear. Les pondré en antecedentes para quien no haya visto ese capítulo o no lo recuerde. Arnold Vinick, el candidato republicano, había defendido en el debate muy vivamente la energía nuclear y había afirmado, sin medias tintas, que era muy segura. Pero semanas después se produce un dramático accidente en una central nuclear californiana que, lo descubrimos más tarde, se había construido gracias al apoyo del senador. Y encima el accidente sucede en California, estado por el que el Arnold Vinick es senador. Parece el fin de la carrera presidencial del Senador.
Y el Senador hace lo que un político de raza en EEUU debe hacer. A pesar de que sus asesores le dicen que es mala idea se planta en la puerta de la central que ha tenido el accidente, convoca a la prensa y da una rueda de prensa para que los periodistas le hagan todas las preguntas que estimen oportunas. Todas. La rueda de prensa no tiene hora límite, no hay límite de preguntas, no hay temas prohibidos. Le pueden preguntar lo que quieran sobre lo que quieran. Y él responde y responde hasta que los periodistas se quedan, literalmente, exhaustos y sin preguntas. Arnold Vinick no solventa los problemas de su campaña con esta iniciativa pero logra dos cosas: ser sincero siendo él mismo al admitir y defender lo que siempre ha defendido (la energía nuclear); y pasar página sobre esa delicada crisis para proseguir su campaña.
En estos días en este país, con un presidente que hace declaraciones sin preguntas o que responde a esas preguntas en Berlín porque sabe allí sólo tenía que responder tres o cuatro en lugar de treinta o cuarenta, no he podido dejar de pensar en ese capítulo de la serie.
La comparecencia de la Vergüenza
No soy tan tonto como para pensar que los políticos de EEUU son como los pinta la serie de Sorkin. Pero eso no quiere decir que lamente enormemente la mediocridad de los políticos que nos ha tocado padecer en España en estos momentos.
No sé si los papeles que han provocado todo este revuelo son ciertos o no. No sé si el PP es la versión española de ese partido balear creado para trincar o si tienen algún enemigo con muchos contactos y mucha información como para hacer esa documentación falsa tan creíble. No lo sé. Lo quiero saber, pero no lo sé.
Lo que si sé es que Mariano Rajoy es el líder de un partido que lleva imputados en sus filas. Mariano Rajoy es el líder de un partido que se permite tener de ministra de sanidad a alguien que, o es tonta o es una mentirosa, y no sé qué es peor. Mariano Rajoy es el líder de un partido que ha escupido sobre su programa electoral el día uno de llegar al gobierno. Mariano Rajoy es el líder de un partido que ponía a Camps como ejemplo de buen gestor (lo de la honorabilidad lo dejamos para otro día) y que, cada día, vemos que ha derrochado el dinero de los ciudadanos como si fuera arena del desierto. Mariano Rajoy es el líder de un partido que ha tenido por Gerente y Tesorero a un tío que robaba a manos llenas delante de sus narices. Mariano Rajoy es el líder de un partido que veta en el Parlamento todas las comparecencias pertinentes sobre el caso Bárcenas. Mariano Rajoy es el líder de un partido donde la alcaldes de la Capital de España no dimite a pesar se las más que evidentes señales de que su gobierno es un sin dios y un sin control que ha provocado la muerte de cinco chicas, y pocas fueron por suerte.
Podía seguir, ustedes lo saben, toda la noche.
Podía decir que el PP no ha hecho nada por combatir la corrupción en todos los años que lleva con cuota de poder. Como dice un Manifiesto que ha presentado hoy UPyD, el PP no ha legislado en todos estos años buscando:
  • la inelegibilidad de las personas acusadas por delitos de corrupción política.
  • establecer el delito de financiación ilegal de los partidos políticos.
  • crear el delito de enriquecimiento ilícito de los cargos públicos.
  • crear también el delito de omisión o falsedad de la contabilidad y patrimonio social de los partidos políticos y de los cargos públicos.
  • reforzar la exigencia de responsabilidad por mala gestión a los cargos públicos al frente de sociedades o entes públicos.
  • y limitar la discrecionalidad de los indultos otorgados por el Gobierno, excluyendo a los condenados por delitos de corrupción.
Porque, digan lo que digan, no buscan combatir la corrupción. Buscan no hablar de ella

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