Razón de ser

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martes, 12 de marzo de 2013

La falsa creencia de que la izquierda es más pura


Sin duda la noticia de las semanas es la muerte de Chávez. No voy a decir que me alegre pues sería falso, no siento tanto desapego por la raza humana como para no lamentar la muerte de un ser humano. Tampoco puedo decir que me parezca una tragedia de proporciones cósmicas pues creo que Chávez tenía muchísimas carencias democráticas que están conduciendo a su país a una arbitraria y peligrosa situación de “o conmigo, o contra mi”. Por otra parte, justo es reconocerlo, años y años de un gobierno de partidos corruptos, necios e incompetentes (¿les suena?) forzaron a muchos venezolanos a buscar un salvapatrias y lo encontraron en Chávez. Quien poco tenía que hacer para satisfacer las expectativas. Sus predecesores en el cargo le habían allanado el camino dejándolas por los suelos.
Sin embargo uno vive en España y lo que más llama su atención es lo que aquí sucede. Por ejemplo, como nuestra izquierda más extrema ha reaccionado a este fallecimiento (recuérdenlo, pues algún día morirá -espero- Fidel y reproducirán las mismas tonterías). Por su discurso populista, abiertamente anti americano y por su papel de defensor de Cuba y su régimen, Chávez era carne de cañón de IU, desde luego. Lo que a mi me hace gracia es como ensalzan algunas cosas y como “olvidan” otras como si no estuvieran sucediendo ante sus ojos.
El Chávez ultra religioso apelando a Dios y a su hijo Jesucristo cada dos por tres debería chirriar a nuestra izquierda anticlerical y abiertamente -con todo el derecho- atea. Pero eso parece que no lo ven. Aquí ven un crucifijo en un acto oficial y comienzan a echar espumarajos por la boca como poseídos por el demonio. (Inciso: yo tampoco quiero símbolos laicos en política. Y soy creyente. Pero creo que la religión no se debe enseñar en las aulas sino en las parroquias y, sobre todo, cada uno en su propia casa. Lo que me diferencia de los de IU son los espumarajos. A mi me salen por otras cosas). Es también sorprendente como les gustan a los de izquierda los uniformes militares, los bailes militares y toda la parafernalia militar cuando está a su servicio. Aquí en cuanto un militar levanta un poco la voz aunque sea para pedir un vaso de agua tenemos a todos los pacifistas de IU hablando de “ruido de sables”, golpismo y recordando la nefasta historia española del siglo XIX y XX. Pero si a Chávez le dan honores militares, le visten de soldado, le llaman comandante, le velan en una academia militar y le acompañan con marchas militares a todas horas, allí mola. Si el ejército está en la calle en Venezuela desde el minuto uno para “velar por la seguridad” está bien visto, si aquí el ejército sale de sus cuarteles para cualquier cosa, como hacer maniobras sobre Barcelona, está tratando de cercenar la democracia.
Cuando hablo con gente que se define de izquierdas y son unos verdaderos creyentes de su fe (política) siempre acabo chocando con la misma piedra. En este país (quizá en todos pero mi experiencia se circunscribe a este) aquel que se define de izquierdas está convencido de la infalibilidad de los dogmas de su ideología (como si fueran Papas) y de la elevada altura moral de todo lo que a ella se refiere. Todo lo bueno, todo lo necesario, todo lo aceptable, es de izquierdas. Aunque sea inconsecuente. Así si Chávez era de izquierdas, vemos sólo lo que nos gusta y omitimos los detalles que rompen esa imagen ideal que nos hemos formado. Todo lo que no es de izquierdas es corrupto, retrógrado y venenoso. Sin puntos medios.
Por eso, por ejemplo, insisten en etiquetarnos. Por eso, cuando quieren halagarnos (sucede a veces) a los de UPyD nos hablan de la palabra Progreso que va en nuestro alambicado nombre de partido. El Progreso se ha definido como bueno (ahora) y, por tanto, es de izquierdas. Si nosotros queremos el Progreso, debemos ser de izquierdas. Cuando nos quieren dar caña, las más de las veces, se olvidan de esa palabra, se fijan en la de Unión, y nos llaman centralistas, falangistas y cosas así de bonitas.
El problema es que la altura moral de la izquierda, por ser izquierda, es falsa. Uno puede tener altura moral independientemente de su ideología, o carecer de ella a pesar de esa ideología. Por más que a nuestra izquierda no les entre en la cabeza, la vida no es blanca ni negra, es, mayormente, muchos tonos de gris (y no hablo de la novela, por Dios). Por eso cada dos por tres se encuentran con problemas como los de Ponferrada.
Piensen en una cosa, el acosador había sido alcalde con el PP. El acosador había sido expulsado por el PP DESPUÉS de defenderlo durante mucho tiempo. Y el acosador le ha dado la Alcaldía al PSOE por estar enemistado con el PP, no más. Pero, ¿quien ha salido trasquilado? El PSOE. ¿Por qué? Por la falsa creencia de que la izquierda es más pura y más elevada que el resto de las opciones.
Bueno, en lo de Ponferrada se suma también el lío montado, después, por una Agrupación Local díscola que no sabe lo que es la jerarquía dentro de un partido. Pero eso es otra cosa e, imagino, se da en todas partes. Debe ser un problema tratar de dirigir un partido tan grande como el PSOE con los cientos de agrupaciones locales que debe tener. A poco que existan dos o tres que van a su bola y se crean los reyes del mambo, tienes lío montado. 

1 comentario:

  1. La supuesta izquierda tiene doble o triple moral. Se han cargado la esperanza de muchos acolitos que hoy se han desenganchado de la política. Voy a decir que es triste para ellos, ciudadanos con ideas que se han quedado sin su referente. Simplemente se han cargado un pensamiento. Hoy ha salido un encuesta que habla de 54% de abstención, dios mio en que peligro nos estan poniendo los ppsoistas.

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