Razón de ser

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jueves, 13 de junio de 2013

Hay que cerrar las televisiones públicas


A pesar del título, un poco provocativo, no es que yo crea que es necesario cerrar las televisiones públicas de la manera en la que lo ha hecho el Gobierno Griego. Pero ese acontecimiento, como mínimo, nos debe hacer pensar un poco.
Televisión Griega. Foto de elpais.com
Lo primero que pensé es en lo enternecedor que es el corporativismo de los periodistas. Grecia lleva intervenida desde 2010 y sometida, por tanto, a profundos recortes que han afectado a todos los sectores de la sociedad. Nuestros medios nos han hablado de lo mal que lo pasan los griegos, de las violentas protestas en las céntricas plazas de Atenas y de lo mala que es la Troika que no piensa ni en un momento en los griegos de a pie. Todo ello cierto. Pero yo no recuerdo que se haya centrado la atención desde España en ningún aspecto concreto de la crisis griega. No se ha hablado del cierre de hospitales, o del despido de profesores, o de como los servicios sociales están dejando de atender a determinados sectores de la sociedad. El verdadero drama de la crisis griega desde el punto de vista de los griegos. Pero cierran una televisión pública y abre telediarios o la foto de los trabajadores de ese medio lleva un día en la portada de diarios digitales de ámbito nacional.
Que cierre una empresa pública tal y como cierra la televisión griega es una mala noticia, no lo voy a negar. Pero es una mala noticia para los trabajadores de esa empresa y sus familias, así como para los trabajadores de empresas del sector que vivían de sus contratos con la televisión pública griega. Pero yo, personalmente, lo que me pregunto es porque no se ha procedido al cierre de esta televisión antes de emprender otros recortes como los que los distintos gobiernos griegos se han visto obligados a hacer y que sí que han afectado más directamente a la vida cotidiana de los griegos.
Porque es inevitable preguntarse qué pasa en España después de ver lo que pasa en Grecia.
Aquí tenemos Comunidades Autónomas (y no pienso sólo en Cataluña por más que sea el perfecto ejemplo) que están completamente arruinadas y endeudadas pero que mantienen a toda costa una televisión pública que les sirva de altavoz y de voz aduladora que escuchar antes de dormir la siesta. Hay muchos municipios que claman por una financiación más justa que les permita servir mejor a los ciudadanos que mantienen, también ellos, penosos y tristes canales de televisión local para mayor gloria del regidor. Y tenemos un canal de televisión nacional que busca competir con canales comerciales con el mismo tipo de programación, que hasta hace dos días se gastaba una pasta en financiar deportes como el fútbol o el motociclismo a los que no les hace falta ese sustento, con una plantilla extensísima, con un montón de canales y de emisoras de radio y con una estructura que es cualquier cosa menos parcial y ajena a la política.
Algunas comunidades han cerrado algún canal, es cierto. TVE ya no da la Champions (lo hacía hasta el año pasado) ni las motos, es cierto. Pero apenas han sido reformas de maquillaje cuando a todos los españoles se nos ha subido la edad de la pensión, a los funcionarios les han sisado alguna que otra paga, nos han subido el IRPF, nos quitan camas en los hospitales, se cierran servicios de urgencia en los pueblos, en La Rioja se quieren cerrar en verano los Hogares de los Jubilados de forma indiscriminada (cierto que aquí no hay tele autonómica, gracias sean dadas al cielo)...
Por ello repito que hay que cerrar la televisión pública. Los defensores de este modelo de comunicación hablan de la pluralidad, del acceso a la cultura, de promocionar aquello que los medios de comunicación privados van a ignorar pues no supone grandes beneficios. Y yo estoy de acuerdo en parte.
No con la pluralidad. En esta época digital y multimedia, con cientos de canales de televisión, con un acceso a internet desde cualquier parte del mundo, con importantísimas redes sociales que nos unen y nos comunican, con cientos de medios de comunicación digitales (blogs, periódicos, televisiones, youtube...) las televisiones públicas no tienen ya necesidad de existir para garantizar el acceso a la información. Y menos aún cuando son como en España: parciales y tendenciosas en dirección al partido mayoritario que gobierne en ese momento y del que dependan sus cuartos.
Sí es cierto que en otros aspectos la televisión pública si realiza un servicio que no harían las comerciales. Sin RNE no se emitiría música clásica en España ni muchos de mis grupos de música favoritos en RN3. Deportes minoritarios no tendrían ninguna presencia en los medios ni las olimpiadas se cubrirían con la profusión con la que lo hace el Ente Público. Programas como Redes y otros dedicados a la cultura, a la ciencia o las artes apenas podrían emerger en Antena 3 o Telecinco. Pero no seamos ingenuos. Las artes y la ciencia apenas aparecen tampoco en las televisiones públicas.
Para emitir lo que deberían emitir no hace falta una TV1 compitiendo de tú a tú con las teles comerciales. Ni todos los canales autonómicos gastándose una pasta que no tienen en comprar cine, series y en realizar costosos programas de entretenimiento que nada aportan. Ni una Radio 4 en catalán pues ya está allí el gobierno catalán para garantizar la existencia de medios de comunicación en catalán que permitan mantener viva su lengua (como si agonizara).
Claro que, entonces, nos quedaríamos sin nuestros palmeros oficiales. Y eso si que no, ¿verdad?

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