Razón de ser

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miércoles, 15 de enero de 2014

Llegó, sonrío, se fue.

A lo largo de toda mi vida he tenido claro que los EEUU son un país que me encantaría visitar (aunque no vivir en él) y que mucha de mi formación cultural depende en gran medida de ellos.
Mayoritariamente escucho música anglosajona, con excepciones como Björk, y algo de música española. Pero mucho menos ésta última.
El cine que consumo es, casi en su totalidad, estadounidense. Y del palomitero fundamentalmente.
Las series, o son americanas o son británicas.
En la literatura vence sin duda la hispanoamericana en cantidad y en mi devoción por ella (entendiendo por hispanoamericana tanto la de allá como la de acá). Pero sin dejar de ser consciente de que algunos de mis escritores más admirados (Auster, Russo, Faulkner, Bukowski, Poe, Melville...) son estadounidenses hasta la médula.
Y, por muchas taras que pueda tener ese país así como cosas que no comprendo ni comprenderé (el tema de las armas o la pena de muerte), en comportamientos democráticos debemos aprender mucho de ellos. Y no quiero decir que sean la democracia perfecta. Ni creo que ésta exista ni creo que se parezca del todo a la de EEUU.
Fuente: ABC
Con este preámbulo lo que quiero dejar claro es que no tengo nada en contra de los EEUU, al contrario. Y que me parece muy bien que mi presidente (que alguien le diga que no sonría, por favor, tiene cara de tonto cuando lo hace) se reúna con su presidente. Y entiendo que está bien que se reúna con empresarios y que venda las bondades de invertir en nuestro país. Ya era hora que hiciera algo de lo que debe hacer al estar en su cargo. Incluso entiendo la necesidad de apoyo que desde el gobierno del PP sienten y que le den bombo y platillo a la reunión presidencial.
Lo que no entiendo es que todos seamos tan necios de comprar esa información y de llenar tertulias y telediarios con cuatro imágenes y nada de contenido. Embelesados estamos por el abrazo cariñoso y displicente proporcionado por el Dios Norteamericano. El problema no es del gobierno del PP (el del PSOE hubiera hecho lo mismo). El problema es el paletismo que demostramos al entender que la cúspide de las relaciones internacionales es tener una reunión en el despacho oval.
Yo siempre me he preguntado porque ese trato privilegiado que queremos darle a nuestras relaciones con EEUU, para quien somos un país más de la caduca Europa, no nos esforzamos por tenerlo con Portugal.
Cuando un presidente es elegido en España se apresura a visitar Marruecos, ese vecino incómodo y no siempre amistoso, y Francia, la envidia nos corroe. Sin embargo, la frontera más grande y más permeable que tiene España es con Portugal. No sólo compartimos un espacio geográfico sino que una región nuestra comparte una similitud idiomática enorme con Portugal. Y, a lo largo de los cientos de kilómetros de frontera, compartimos lazos personales, empresariales y culturales. No es que proponga la unión de los dos países como hacía Saramago (al que tratábamos como español pero era portugués) sino que creo que, muchas veces, nuestras prioridades en política exterior no están todo lo centradas que deberían estarlo con un país vecino al que damos la espalda.


Pero claro, las fotos en la Casa Blanca lucen un montón. 

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