Razón de ser

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martes, 11 de marzo de 2014

No tenemos perdón

Yo no nos perdono.

Quizá no sea el día más adecuado para esto. Quizá hoy sea sólo el día del dolor y el recuerdo. Pero yo no puedo evitar esos días con una profunda vergüenza. Vergüenza hacia mi y hacia la gran mayoría de los españoles.
Siempre he pensado que los asesinos lograron lo que querían. Lograron desunirnos. Y no hablo de que ganara el PSOE o no. Hablo de desunión.
Enseguida fue más importante saber quién había sido que a quién le había pasado. Y fue importante porque, en función de quien hubiera sido se sacarían unas conclusiones y se buscarían unos culpables. Cuando los culpables eran los asesinos. Sin más. Y nos olvidamos de a quién le paso qué. Sólo preguntábamos por qué pasó qué como si un crimen de esa magnitud pudiera tener una mínima motivación racional.
Yo también caí en ese juego. Yo también juzgué. Yo también incurrí en la maldita actitud de los bandos. Esa actitud que hacía parecer, por más crudo que sea decir esto, que las víctimas eran más nuestras o no en función de quien hubiera sido su asesino.
Y he descubierto este fin de semana que aún sigue existiendo esa actitud. Que aún hay para quien lo importante de esos días no es que un grupo de asesinos nos matarán a casi doscientos de los nuestros e hirieran a miles. Para muchos sigue siendo más importante quien mintió más o quien sacó más rédito de la matanza. He descubierto que el fracaso como nación que significó la división del país, la polarización de los discursos, la búsqueda de culpar a otros que no fueran los asesinos con teorías más ciertas o más conspiranoicas, sigue allí para muchos españoles.

Y no puedo sentir más que vergüenza, por ellos y por mi. Y no puedo menos que pensar que es imperdonable. Su actitud y la mía. 

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