Razón de ser

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viernes, 24 de octubre de 2014

Carlos Martínez Gorriarán dejando claras algunas cosas sobre Sosa Wagner

Hace unos días alguien llamado César Martín le hizo la siguiente pregunta a Carlos Martínez Gorriarán en la web osigo.com:


¿Qué quiso decir con su tuit sobre Sosa Wagner y la corrupción?
Hace unos días usted publicó en Twitter, en respuesta a una alusión a Sosa Wagner: "El criticado es corrupción política pura. Mentiroso al 100%. Si no lo entiendes, mal vamos". La acusación es grave y creo que requiere una aclaración denunciando o desmintiendo lo dicho, porque se trata del que ha sido su cabeza de lista a las europeas...


La respuesta de Carlos me parece excelente y de un interés enorme, sobre todo ante el eco mediático que ha tenido el asunto. Así que, en lugar de poner sólo el enlace, la plagio vilmente y la copio aquí íntegra. De esto, no lo duden, no se harán eco El País o El Mundo.
Disfruten de la lectura y conozcan al personaje (y no hablo de Carlos).


Hola César,
sin duda lo ocurrido entre Francisco Sosa Wagner y yo mismo merece una aclaración o, mejor dicho, dos.
La primera es que mi tuit fue muy desafortunado porque en 140 caracteres no podía explicar qué entendía por “corrupción política”. Lo escribí bajo el impacto de la indignación, me equivoqué y ya he pedido excusas a mi partido en un Consejo Político en el que, por cierto, estuvo presente el aludido y aceptó mis excusas en la prensa, aunque luego haya seguido explotando el incidente en el papel de víctima. Y aprovecho la ocasión que me brindas para excusarme ante cualquier otro votante o ciudadano que se considere ofendido o mal representado por ese tuit erróneo.
Carlos Martínez Gorriarán (Fuente: RTVE)
La segunda aclaración tiene que ver con el concepto de "corrupción política", que no tiene nada de personal. No es lo mismo que la corrupción penal, que consiste en delitos como prevaricación, cohecho o tráfico de influencias cuando se ocupa un cargo público. A diferencia de la penal, la corrupción política no es ilegal, sino ilegítima. Yo diría que consiste en el abuso de un cargo político para beneficiar intereses privados o trabajar en contra de lo prometido a tus electores y tu partido. Esta es clase de “corrupción” que atribuí a Francisco Sosa Wagner, y ahora documento mis razones.
El motivo concreto es que tras ser elegido eurodiputado, y tras algunas inesperados y desagradables enfrentamientos conmigo sobre cómo debía organizarse nuestro grupo de parlamentarios europeos (para resumirlo: según su santa voluntad), publicó a través de un artículo y de posteriores declaraciones que UPyD es un partido “autoritario” y “sectario”, y que debíamos llegar a un acuerdo con Ciudadanos.
No había expuesto ninguno de estos juicios durante la campaña de primarias, ni durante la campaña electoral, ni mucho menos durante los años y meses precedentes. Al contrario: pensaba exactamente lo contrario. Durante la campaña electoral declaró varias veces en entrevistas publicadas que no era nada aconsejable tener una relación especial con Ciudadanos para no repetir la experiencia del PSOE conel PSC. Todavía no ha explicado las razones de ese cambio drástico de opinión, si pueden explicarse.
Se ha dado gran importancia a su propuesta de llegar a un acuerdo con Ciudadanos como causa de su “expulsión”, pero no solo nunca fue expulsado, sino cesado como portavoz (lo explico más abajo), sino que otros miembros de UPyD han coincidido en proponer algo parecido: no muchos, pero siempre han tenido toda la libertad para expresarse y defender esa propuesta. De hecho, algunos presentaron enmiendas en este sentido en el II Congreso de UPyD (1 de noviembre de 2013), pero tuvieron un apoyo bajísimo. Es más, Sosa Wagner, que fue nada menos que Presidente de ese Congreso, no opinó ni dijo nada al respecto durante el Congreso -a diferencia de Fernando Savater, que si aludió a ese acuerdo durante su salutación-, ni en público ni en privado. No apoyó ningún acuerdo especial con C’s, como el 95% de los delegados.
Por supuesto, es legítimo cambiar de opinión y aportar nuevas razones, pero extraña, por lo menos, que se haga en el contexto de un ataque brutal contra el partido por el que te acabas de presentar y a los pocos días de obtener el escaño, en un artículo de opinión lleno de falacias por decirlo con elegancia. Y eso tras votar a favor de la candidatura de Juncker a la Presidencia de la Comisión Europea en contra del criterio de la dirección del partido, que optó por la abstención por el programa insuficiente de éste y su vinculación al bipartidismo más rancio. Sin embargo, no se tomó contra Francisco Sosa Wagner ninguna clase de medida disciplinaria por votar a su aire: en nuestro partido nunca lo hacemos por un voto de este tipo porque rechazamos el mandato imperativo. Ahora bien, se hizo evidente que él había elegido la ruptura política con UPyD sin motivo conocido. Y a continuación vino la agresión pública y sin causa objetiva.
Respecto a la acusación de autoritarismo contra UPyD, permíteme que reproduzca en su literalidad parte de un mensaje suyo de enero de este año que trata, precisamente, de este tema en extenso, y que leído ahora resulta irónicamente revelador. Ahí va:
lo que en verdad motiva esta carta es el modelo de nuestra organización. ¿Queremos un partido dirigido por órganos democráticamente elegidos o un partido en el que a esos órganos se le yuxtapongan centenares de centros de poder encarnados por quienes se han logrado alzar con una victoria en primarias? Este es el centro de la cuestión. Como siempre ocurre en las organizaciones, la pregunta es quién ostenta el poder y de quién deriva su legitimidad. Pues bien lo que afirmo es que, con las primarias, existen dos legitimidades, la que procede de los órganos centrales y territoriales democráticamente elegidos y la que ostentan quienes ganan primarias con apelación directa a afiliados y simpatizantes. Y añado: esta doble legitimidad es una trampa.
En mi caso acabo de recibir una legitimación que no tenía y que voy a usar. Solo que yo -por el respeto y el afecto que os tengo a vosotros- lo voy a hacer con moderación y por supuesto con buenas maneras. Pero esta actitud no esperadla de todos (…) Lo más seguro es que se desencadenen tensiones insoportables para una organización y, además, que el así ungido haga en la institución donde se halle la política que le pete. Él responde directamente ante las bases de afiliados y simpatizantes, que es como responder ante Dios y ante la Historia.
De otro lado, entender que las elecciones primarias son un ejercicio de democracia es desconocer que, en la mayoría de los lugares donde se convoquen, de democráticas van a tener muy poco (…) Entiendo pues que los dos modelos: órganos democráticos y continua apelación a las bases para cubrir los puestos más delicados es incompatible. Ya sé que decir esto es ir contra corriente (…)
Anoto algo más: he advertido signos preocupantes de democratitis y de asambleitis en mi experiencia. Un joven en Madrid me preguntó (y la pregunta me la esperaba) quién va a decidir a qué grupo político nos vamos a adscribir en Europa “porque yo quiero tomar parte en esa decisión tan importante”. Peligro enorme. Pienso (aunque en la ocasión salí con una larga cambiada) que quien quiera asambleas debe buscar su alojo en el 15-M o allá donde le lleven sus desvaríos, no en upyd que es un partido de profesionales serios y para profesionales serios.
¿Tiene esto para nuestra organización alguna solución? Difícil habiendo desencadenado como hemos hecho vientos aventurados que han incluido la presentación de candidatos ¡sin requisitos ni aval alguno!
Una fórmula no obstante se me ocurre para debatirla y pensarla: los candidatos a primarias deberán contar con un acuerdo favorable del Consejo de dirección. Por esta vía se podría recomponer la unidad del partido, de suerte que quien obtenga un acta por elección de las bases ha debido buscar previamente el respaldo de la dirección del partido. Para aplacarle la subida de humos mayormente.”
Fin de la cita. Creo que no necesita comentario el valor de la acusación de “autoritarismo y sectarismo”. Por si fuera poco, Francisco Sosa Wagner nos pidió en reiteradas ocasiones la expulsión fulminante de UPyD de afiliados que en su opinión no habían sido respetuosos con él ni con su mujer. Algo que en ciertos casos tenía fundamento, por lo que abrimos una investigación que no llegó a más porque los responsables se marcharon por su propia cuenta.
A pesar de todo, Sosa Wagner podía haber seguido siendo portavoz de la delegación de UPyD en el Parlamento Europeo incluso habiendo cambiado drásticamente de opinión sobre la relación con Ciudadanos. Dejó de ser posible después de que se negara reiteradamente a celebrar reuniones de trabajo con nosotros para coordinar el trabajo de nuestros parlamentarios y organizar un buen equipo de asistentes, y rechazara las instrucciones de oponerse a la designación de Arias Cañete como Comisario de Energía y Medio Ambiente. También rehusó apoyar varias iniciativas para combatir en el Parlamento Europeo y el grupo ALDE (liberal, donde nos hemos integrado conservando nuestra libertad de voto) el referéndum ilegal de Artur Mas para la secesión de Cataluña.
Un partido, como cualquier colectivo, no puede tener como portavoz a alguien que se niega reiteradamente a trabajar en equipo, que rechaza a su dirección, que se niega a ser interlocutor político de UPyD en Bruselas, y sobre todo a cumplir con el programa con el que se presentó a las elecciones y por el que fue votado por 1’2 millones de ciudadanos. Estas razones nos obligaron a cesarle como portavoz, pero no a pedirle el abandono del acta de eurodiputado, que ha sido una decisión totalmente suya. Él se ha justificado diciendo que abandona el acta y UPyD para recuperar su libertad. Se deduce pues que consideraba una pérdida de libertad cumplir con sus compromisos con los ciudadanos y con su partido. A mi parecer, eso es confundir la libertad que necesita cualquier diputado con la privatización del escaño de diputado, esto es, con ocupar el escaño sin dar cuentas a nadie, despreciando el compromiso contraído con los ciudadanos. El tipo de conducta que ha llevado a mucha gente a detestar la política y considerarla una farsa sin otro objetivo que disfrutar de privilegios, y con razón. Y ahí es donde esa conducta me parece merecedora de ser rechazada sin paliativos.
Gracias por vuestra atención y paciencia.

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